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Los Juegos Olímpicos de la lectura

(Por Ariel Scher (*)) James Brendan Bennet Connolly (foto) sabía ponerle furia a las plantas de sus pies y se animaba a ser cómplice del aire. Por eso volaba. Y fue volando que, en Atenas y en 1896, anotó su nombre largo de obrero estadounidense en el principio de los principios de una historia del deporte, cuando un viaje de 13 metros y 71 centímetros le permitió, de una sola vez, ganar la competición de salto triple y convertirse en el primer campeón en la modernidad de los Juegos Olímpicos.