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Stella Calloni “La Operación Cóndor se ha banalizado mucho”

(Por Diego Sánchez (*)) A fines de mayo se conoció la condena al ex gobernante de facto, Reynaldo Bignone, y a otros catorce ex jefes militares y de inteligencia de Argentina y Uruguay por crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la Operación Cóndor, el operativo que articuló acciones conjuntas entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del cono sur en los años setenta.

El histórico proceso no solo reconoció la existencia de una asociación ilícita entre las dictaduras de Sudamérica, sino que derivó también en nuevos avances en la investigación, tales como la reciente decisión del gobierno de Bolivia de desclasificar archivos relacionados con la operación.

Stella Calloni, periodista y corresponsal de La Jornada de México, escribió en 1999 Los años del lobo: Operación Cóndor, libro que sería sucesivamente ampliado y reeditado hasta consagrar a la autora y al texto como una referencia insoslayable para entender este laberíntico operativo que incluyó fuerzas de seguridad, agentes de la CIA, cables encriptados, desapariciones, fronteras abiertas y atentados con bombas y gas sarín orientados a objetivos específicos, tanto en Buenos Aires como en Washington.

Sentada en el living de su departamento en Almagro, Calloni se revela como un algoritmo capaz de arrojar datos, nombres propios y referencias con una velocidad implacable y lo primero que aclara, al prenderse el grabador, es el peligro de simplificar los alcances de un diseño criminal voluptuoso que estuvo lejos de ser un mero “plan”. “Siempre me preocupa un poco el tema de la Operación Cóndor porque se ha banalizado mucho”.

¿En qué sentido cree que se ha banalizado?

En el sentido de que se lo señala como un “plan” de las dictaduras y no: Operación Cóndor fue una operación. Se banalizó poniéndole “plan” y es algo muy distinto una operación a un plan. Una operación es una táctica, una acción. Diría Juan Domingo Perón: “la estrategia es la guerra y la batalla es la táctica”. Después, se banalizó también al acusar a la Operación Cóndor de provocar cien mil muertos. Y eso es imposible. Porque fue una operación destinada a sacar del medio a figuras muy importantes, a figuras muy puntuales.

¿En qué momento comienza a trazarse la operación?

Ya en el año ’74 empezó a hablarse. En el ’75 se hizo una reunión convocada por el general Manuel Contreras, de Chile, que era el jefe de la policía política de Pinochet, la DINA, y ahí se firma. Se firma el acuerdo de las dictaduras del cono sur más un capitán de la Marina de acá, estaba Isabel Perón todavía. Ese acuerdo se firma entre los sectores de inteligencia de los ejércitos, con participación de algunos sectores de la policía.

Ese documento fue encontrado en 1992, en los archivos de la dictadura de [Alfredo] Stroessner, y fue muy importante porque fue el primer documento donde aparecían registradas todas las firmas de los que se coordinaron para hacer esta operación. Cóndor fue una operación que estaba dispuesta en tres fases. La primera era el espionaje, el seguimiento de todo lo relacionado con lo que ellos llamaban los “blancos”, es decir, los individuos que ellos tenían que sacar del medio; la segunda correspondía a los planes de ejecución, la planificación de los traslados, eliminar toda legalidad y trasladar a la gente de un país a otro sin que pasara por ningún juzgado ni extradición; y la tercera ya era la ejecución, era cuando iban equipos conjuntos para asesinar a determinada persona en algún lugar.

Te darás cuenta de que es muy mafioso el tema porque era como una omertá, y era tan elitista la Operación Condor que todo tenía que ser descifrado. Los cables sobre Cóndor iban a una embajada, los tomaba el agregado militar, no pasaba por las manos del embajador sino por manos militares, y luego mandaban a una persona que supiera descifrar esos mensajes. Es decir, si algún suboficial u oficial del ejercito dice “yo ni sé lo que era Cóndor”, estate seguro de que no sabía, porque eso tenía que estar muy cerrado debido a que eran personajes tan importantes como presidentes, políticos.

La pretensión era terminar con lo que era la coordinadora guerrillera del cono sur pero atacando a las dirigencias, apuntaba a las cabezas, con todas las figuras importantes que pudieran estar afuera y que fueran muy representativas en el mundo y que pudieran denunciar a las dictaduras. Eso Pinochet lo cumplió a rajatabla, se dedicó a las figuras importantísimas y no le importaba dónde estuvieran, mandó a Washington a matar a Orlando Letelier, mandó a Roma a matar a Bernardo Leighton de la Democracia Cristiana y a su esposa -a quienes no mataron pero dejaron discapacitados de por vida- y acá antes habían mandado a matar a Carlos Prats y la esposa. Ahí te das cuenta del tipo de personajes al que ellos apuntaban, por eso más o menos hay quinientos y pico de nombres que está certificado que son de Cóndor, es decir, que tenía que ser un nombre, una persona que estuviera pedida por Argentina a Brasil o por Brasil a la Argentina y así entre cada país. Y fue de elite porque tenían que ocultar a las personalidades tan importantes con las que iban a atentar. Está también el caso de Joao Goulart, que todavía se investiga si no usaron gas sarín, que era un invento espantoso que usaba el laboratorio de la DINA en Chile.

¿Cuando comienza a desentrañarse todo ese entramado?

Para decir un dicho: “en el pecado estaba la penitencia”. La parte de las personas muy importantes no iba a quedar siempre oculta. Cóndor no se descubrió en Paraguay, se descubrió cuando mataron a Letelier, una muerte en la que estuvo involucrada la CIA a través de Michael Townley, que sobrevive como testigo protegido, por lo cual nunca le podés preguntar nada de qué hacían.

A Letelier le habían puesto una bomba debajo del automóvil, como se la pusieron al general Prats que estuvo viajando por todo Buenos Aires con la bomba abajo hasta que la detonaron cuando él llegó a su casa. Pero ¿qué pasó con Letelier? Lo iban a volar al salir de su casa, al otro día, pero vino con su secretaria y el esposo de su secretaria y se quedaron a dormir los dos norteamericanos en la casa con la familia. Al día siguiente salieron todos juntos y detonaron la bomba matando a la norteamericana, con lo cual ya la cosa se les complicó muchísimo. Estaba el esposo de ella, Michael Moffitt (ella se llamaba Ronni Moffitt).

El hombre empezó a luchar por que se esclareciera la cosa y la toma un fiscal muy serio que hace este primer juicio y que ya ubica que hay una operación transnacional. El nombre de “Cóndor” lo ubican porque en ese momento el fiscal manda a pedir más datos a las embajadas del sur y hay un capitán que lo que hace es enviar un cable donde dice “la operación Cóndor es una operación creada entre los servicios de inteligencia de las dictadoras del cono sur… “ y explica las tres fases que tenía Cóndor.

Ese es otro documento que, aunque se encontró en Paraguay todo tachado porque era un documento desclasificado, ya había aparecido con el caso Letelier. Con eso de base hubo mucha gente que ya en los años ’79, ’80 empezó a hablar. El propio Rodolfo Walsh había hablado de operaciones internacionales en la carta a las juntas, porque él tenía un amigo que se llama Richard Gott, un periodista de Gran Bretaña, que ya había tocado el tema en el ’75. Yo creo que hay que revisar mucho los archivos de Paraguay porque hay muchas historias, la gente se quedó con Cóndor, pero hay que ser muy serios en la parte de investigación de archivos porque además de Cóndor pueden salir otras operaciones de ahí. Son cinco toneladas de papeles, mucha documentación.

¿Cómo se llega al juicio?

Se llega al juicio con esos documentos más algunas otras cosas muy importantes (por ejemplo, hay un interrogatorio a tres argentinos y dos uruguayos que estaban en Paraguay -a ellos les interesaba mucho seguir a la gente que estaba en el exilio en la operación Cóndor) y cada una de esas historias fue agregando elementos. Es muy difícil hacer un juicio de Cóndor.

Había empezado Baltazar Garzón en España, pero claro, le mandaron un volumen demasiado grande de información sin seleccionar y para ellos es un problema gravísimo. Este juicio es el primero y es histórico porque tomó aquí, en el mismo territorio donde los hechos sucedieron, a chilenos, bolivianos, dos cubanos diplomáticos desaparecidos, argentinos y varios uruguayos.

Hay muchos uruguayos porque era común que quisieran encontrar a los contadores, a los tesoreros de los organismos guerrilleros. Los uruguayos que llegaron acá, la mayoría, estaba buscando el dinero del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Lo buscaron, incluso al desaparecido Gatti, que nunca habló, lo tuvieron ahí en Orletti. Cuando se hizo el juicio sobre Orletti surgieron elementos nuevos. Y es así como se fue armando el juicio: fueron buscando elementos en el Nunca Más, en el juicio que hizo este hombre en Estados Unidos, en lo que ya había avanzado Garzón…

¿O sea que es un juicio que fue tomando elementos de diferentes causas?

Sí. Por eso es histórico, porque tomó varios casos, tomó casos de casi todos los países que estaban interviniendo, hizo su primer juicio y dio su primera condena. Lamentablemente, los que tenían que tener cadena perpetua están casi están muertos: Jorge Rafael Videla, [Hugo] Banzer, Stroessner.

Fijense que los brasileños, que tuvieron una enorme responsabilidad, porque fue en Brasil donde se instaló la primera dictadura de la seguridad nacional en 1974, no firmaron el acuerdo de Chile. Asistieron y dijeron que iban a consultar y después firmar, cosa que no hicieron. Pero después, a medida que se iban encontrando archivos, también salía la intervención de ellos. Pero se cuidaron muchísimo.

Donde más documentación podríamos encontrar sería en la cancillería brasileña, porque tenía todos los informes, los informes se mandaban a la CIA en Estados Unidos. Yo entrevisté a un agente de la CIA que se fue y denunció, y él me contaba cómo espiaban en Uruguay, cómo lo espiaron a los peronistas -era la época donde todos se iban a Uruguay, en los sesenta y pico-.

A John William Cooke, por ejemplo, cómo entraron al departamento una vez que había ido su hija con unas cajas, creían que llevaba armas, amenazaron al portero, entraron en un momento que la pareja salió a cenar o algo así, y fotografiaban las cajas. Ellos mandaban toda esa información a Brasil y a la CIA, así que Brasil tiene información de todos los exiliados.

¿Hasta dónde puede ramificar la investigación?

De acá se llevaron brasileños desde 1973, mucho antes de que esto fuera una operación ya muy acordada. Paraguayos entregados hubo desde el año ’69. No se puede poner en Cóndor porque para que sea Cóndor tiene que ser preciso pero van reuniendo elementos.

Un día le puse “Pre-Cóndor” y a Baltazar Garzón le gustó. Acordate que en todo eso también se mezcló una movida muy grande cuando andaban buscando al Che, ahí se ponen de acuerdo las inteligencias de todos los países para informar. Todos esos elementos, más esta operación, salen de una operación que hicieron en Vietnam, la Operación Fénix, en los últimos años antes de terminar la guerra, y después en Europa, la Operación Gladio.

Este juicio logró y aceptó mucho de estos nuevos informes que hay. Cuando vos revisás los archivos dentro de la Operación Cóndor hubo la operación “Murciélago”, la operación “Zapatos viejos”, todas estaban dentro de Cóndor. A cualquier acción que iban a hacer le ponían un nombre. Lo que te permite ver eso es qué es la contrainsurgencia. El Cóndor es parte de una contrainsurgencia que probó que podía haber una unión para objetivos concretos de todas las dictaduras.

Bolivia anunció que desclasificará archivos vinculados con Cóndor. ¿Qué pueden llegar a aportar?

Pueden llegar a aportar bastante, porque Banzer sabía mucho de lo que era la persecución a los religiosos. La desclasificación mayor sería, para mí, la de Brasil. En Río Grande do Sul aparecieron algunos archivos, se sacaron bastantes datos. No importa cuántos tengan, siempre va a haber algo, por ejemplo en Bolivia tenés el caso de Quiroga Santa Cruz, tenés el caso de este padre que no recuerdo el nombre, que el Papa le hizo un homenaje, todavía no sabemos cuántos bolivianos desaparecieron acá porque hay muchos que desaparecieron ya en el Operativo Independencia, gente muy humilde que venía a las zafras.

Las familias no lo denunciaban porque las mujeres creían que se habían encontrado otra mujer y se quedaron, eso lo encontramos mucho cuando fuimos a investigar a Bolivia, siempre te decían eso. “¿Cuándo se fue tu marido?” “En el ’74, ’75, y no volvió, se quedó por ahí, con otra”. Casos muy específicos que está totalmente probado cómo los agarraron, cómo los llevaron, el caso de Centurión, un campesino al que agarraron y lo llevaron en la caja de un automóvil. Falta investigar mucho del Cóndor todavía pero esto ya es un avance histórico.

Así como esa articulación conjunta se puede rastrear hacia atrás en el tiempo, ¿hubo articulaciones similares posteriores, con la inteligencia de los países de la región uniéndose para determinado propósito?

Ellos ya estaban unidos hacía mucho tiempo, esto siempre fue así, pero Cóndor fue una operación muy coordinada. Lo más parecido que surgió en estos años es esta fundación Unoamérica, que se creó en Colombia en diciembre de 2008, ante el golpe fracasado contra Evo Morales ese mismo año.

Están todos los militares de las pasadas dictaduras, hay sectores muy derechistas (acá formaba parte Unión por Todos, a la que pertenece Patricia Bullrich) y se juntaron diciendo que ellos se transformaban en una organización transnacional capaz de intervenir en cualquiera de los países, para combatir a los gobiernos del Foro de San Pablo –de Brasil, de Argentina, de Bolivia, de Ecuador, de Nicaragua. [Roberto] Micheletti, el dictador que surgió tras el golpe de Honduras, le dio una condecoración a Alejandro Peña Esclusa, que era el presidente de Unoamérica, por la gran ayuda que le habían prestado.

Y vos viste los crímenes que se han cometido y los que se siguen cometiendo en Honduras. Por eso es tan importante saber la historia de la Operación Cóndor. Es muy importante saber para qué se creó la contrainsurgencia allá en los años ’60.

¿Cree que el cambio de gobierno en Argentina puede afectar el devenir de juicios como el de Cóndor o se trata de procesos ya consolidados?

Sí, cómo no. Ya han afectado. Ya hubo un juicio que se afectó, un juicio del ’75 diciendo que no era de la dictadura, que fue el fusilamiento de los militantes del ERP. Afectó porque se está cambiando totalmente el criterio. Recientemente el CELS sacó un informe sobre el retroceso en el tema derechos, fijate que si La Nación lo planteó dos veces por algo será, cuando plantea esas cosas -eso de que son unos viejitos pobres que se están muriendo ahí y demás- no es porque lo hacen ellos. Ahora editaron el Nunca Más sin el prólogo que discutía la teoría de los dos demonios.

Todo eso te está indicando algo. No se piensan quedar así. Además necesitan quedar bien con los militares, con la policía, necesitan tenerlos a disposición para cuando ya no puedan manejar la cosa política. Si creemos que no se puede volver atrás, miremos lo que pasa en Honduras, miren lo que pasa en Medio Oriente. Por eso es muy importante saber.

(*) Fuente: Revista Zoom