La nave de la Comunicacion

Lejos de ser una ficción, el crecimiento es desarrollo con inclusión

(Por Clara Razu (*)) La demanda agregada,  (la suma de todas las demandas individuales), se destina al consumo, la inversión, el gasto público, y las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones).

El crecimiento de la demanda agregada, a partir de cualquiera de sus componentes, genera empleo y por lo tanto, “un efecto multiplicador” hacia el resto de la economía. Para que este “aumento de la demanda”, no genere un efecto inflacionario, se requiere que el valor de lo producido (PBI, producto bruto interno), crezca a partir de las inversiones productivas. Este “circuito virtuoso”, operó en nuestro país, vía, sector externo, (desde 2003- 2008), y vía estímulo al mercado interno desde 2009 en adelante. Este cambio obedece a la irrupción de la crisis internacional, que se extiende en el tiempo, y la necesidad de sostener la producción y el empleo. Si disminuye un componente de la demanda agregada, se estimula otro. El crecimiento del consumo y la inversión impacta en el nivel de precios, por lo que, para evitar políticas de ajuste, se recurre a políticas de ingreso, esto es, sostener los ingresos de los sectores de ingresos fijos, con el objetivo de no disminuir su poder adquisitivo.
Claramente ésta fue la política seguida durante el gobierno anterior, criticada bajo los conceptos de “ficticia”… La ficción consistía en tener empleo, ingresos, posibilidades de satisfacer necesidades y esperanzas de progreso…
Al aplicarse una devaluación, se logra mejorar los ingresos de los sectores exportadores, a partir de mayor liquidación de pesos por sus dólares. Sin embargo, no resultó un estímulo para mejorar sus ventas al exterior, que no dependen de sus precios, sino de la demanda externa de sus productos, que no aumentó, ya que depende de la situación internacional y no de los precios.
Esa devaluación si impactó sobre los precios y el nivel de consumo de vastos sectores de la sociedad que vieron disminuidos sus ingresos reales.
La disminución de los subsidios a los servicios públicos que generaron un incremento de las tarifas que deben pagar las familias por su consumo de energía, contribuyó a la caída del consumo. Esta caída dio por resultado la aparición de “acumulación de stocks” y por consiguiente la disminución de la producción y el empleo.
En este contexto recesivo, donde, los anuncios de cierres y despidos están a la orden del día, ¿Se pueden esperar inversiones? ¿Qué inversiones se generan en un mercado en recesión? En un mercado donde las inversiones financieras ofrecen un 38% anual, ¿qué lugar tienen las inversiones productivas? ¿Qué crecimiento económico se puede esperar? , y en todo caso, ¿el crecimiento no es lo mismo que el desarrollo económico? Estas preguntas, son fundamentales para analizar la situación que atraviesa hoy Argentina. 
El desarrollo económico implica estimulación de la ciencia, la tecnología y las inversiones de riesgo en un segmento el I+D, que es dominado por el papel del Estado, el jugador más arriesgado y con más recursos. El desarrollo es crecimiento con inclusión. No es cierto que primero haya que crecer para después desarrollarse. De hecho durante los 90 la economía creció junto con la pobreza, las políticas de desarrollo se llevan adelante a largo plazo y con la planificación del Estado como eje. El libre mercado mejora los negocios, y esto no necesariamente se “derrama”, mejorando la vida de todos.

(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de La Nave de la Comunicación.