La nave de la Comunicacion

El cuadro escondido

A 40 años del Golpe, a segundos de la próxima injusticia

(Por Rodolfo Chisleanschi (*)) “Habría que descolgar ese cuadro, envolverlo y guardarlo”. La tarde del 24 de marzo del 76, mi viejo subió a mi pieza y señaló con los ojos y el mentón hacia una enorme pintura que llevaba algunos años decorando la habitación.

“¿Y sabés qué? También vamos a quitar algunos libros de la biblioteca… por las dudas”. A mis 16 años, además de desconocer el alcance de la palabra ‘prudencia’, mi conciencia política estaba en plena formación y mi experiencia en ese campo era necesariamente escasa. Pero mi viejo sí que tenía muchos años de militancia y unos cuantos golpes de Estado sobre el lomo. Así que no me hizo falta preguntar nada.
El cuadro había sido pintado algunos años antes por un trabajador de una empresa donde también laburaba mi papá. El hombre se encargaba de pintar los carteles que las inmobiliarias colgaban en las casas en alquiler o en venta, pero cada tanto despuntaba el vicio con algo más “creativo”. Un día, mi viejo lo vio terminando ese cuadro: el rostro de un hombre sobre un fondo celeste brillante, y se lo compró. Lo pedí en cuanto lo vi y se subió a la pared de mi pieza. Hasta esa tarde.
Busqué papeles, lo bajé, lo envolví con cuidado y lo acomodé en el limitado espacio que quedaba entre mi ropero y la pared. Ahí, como una metáfora, escondido, encogido y mudo pero también a salvo de posibles miradas inquisidoras, vivió durante los siguientes siete años mi querido cuadro del Comandante Che Guevara. 

(*) Periodista. Colaborador de La Nave de la Comunicación