La nave de la Comunicacion

“Hoy no nos matan, nos dejan sin trabajo”

A 40 años del Golpe, a segundos de la próxima injusticia

(Por Silvio Vallejos (*)) Quiero contarte la historia de dos militantes políticos que intentaron crear una organización gremial allá por 1974.

Creación frustrada el 25 de agosto de 1976, cuando fueron desaparecidos por la dictadura cívico-militar que gobernó la Argentina por aquellos años.

Quiero recordarlos porque su historia no es conocida, más allá de las breves menciones en algunos medios masivos de comunicación, y en el emotivo texto de la organización HIJOS, de Escobar, Campana y Zárate, cuando sus cuerpos aparecieron en una fosa común en el cementerio Norte de San Andrés de Giles el 7 de diciembre del 2004, gracias a la tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense. Se trata de Silvio Francisco Tonioli y Luis Lorenzo Garello.

Los dos fueron secuestrados el mismo día y casi a la misma hora. Sus desapariciones no fueron caprichosas. El motivo era evidente. Ellos, además de amigos, fueron los creadores del SUQUIPRA (Sindicato Único de Trabajadores Jerárquicos Químicos y Petroquímicos), una organización diezmada hasta su desaparición. Tal fue el golpe, que recién por estos tiempos, casi cuarenta años después, se enfilan para retomar la creación del gremio, Roberto Aníbal Gorbarán, Jose Luis Bogliani, Mariano Pérez, Miguel Masclef y Pablo Helving.

Zárate Campana y Baradero es una zona pujante, poblada de industrias multinacionales, grandes extensiones de tierra sembrada y marcada por la presencia de Atucha I y II, más las insipientes, y ahora con sus obras paradas, Atucha III y IV. Un obrero gana buen dinero, pero, en la mayoría de los casos, deja parte de su vida en esas industrias que mueven, en gran medida, la rueda que hace girar a la Argentina.

Silvio, alias “El Chino”, y Luis, cometieron el delito de crear el gremio que permitía garantizar aquella confianza original, de la que tanto se ufana el capitalismo, sobre el aporte de trabajo y conocimiento a cambio de un pago justo por parte de los empresarios. Su historia, es la historia que marcó a sangre y fuego a la Argentina. Ni hubo militares locos que un día se levantaron con la idea de terminar con parte de la población, ni guerrilleros enfermos que de acuerdo a su brutalidad incursionaron en la política a fuerza de ametralladoras, bombas y morteros. Hubo eso sí, una pelea más humana y real, vinculada a intereses económicos y negocios inconfesables.

Y en esa pelea, eran determinantes los profesionales que conocían cómo se producían las materias que luego comprarían el mundo o los propios argentinos. Al Chino y a Luis, se les ocurrió juntar a los que conocen, controlan y garantizan desde lo técnico, que la rueda gire. A los que saben si un precursor químico sirve para la producción de una mercancía legal o ilegal (drogas). A los que tienen el conocimiento final sobre si un producto es erigido en su totalidad en el país, o si es contrabandeado a la Argentina para ser vendido luego como nacional. Y esa loca idea, les costó la vida. No desparecieron por montoneros, o por fomentar actividades terroristas, fueron asesinados por defender la vida y el bolsillo de sus trabajadores.

“Hoy no nos matan, nos dejan sin trabajo”, explica Roberto Gorbarán, el actual secretario general del flamante Sindicato del Personal Jerárquico Químico y Petroquímico de Zárate, todavía con la firma pendiente del director de Asociaciones Sindicales, Horacio Pitrau, para obtener su personería gremial. Según el relato de los trabajadores, hoy las empresas se carterizaron una vez más, y avanzaron sobre sus derechos apelando a infinidad de aprietes y jugadas maquiavélicas. 

A Gorvarán se la tienen jurada. En agosto del año pasado fue despedido por la empresa Petrobras, que acción judicial mediante, tuvo que reincorporarlo. Pero también tienen sus historias, las empresas vinculadas a  Bunge y Born, que en el pasado era Petrosur, donde el Chino basaba su armado gremial, y que en la actualidad le hace la vida imposible a los trabajadores. Pero tampoco se quedan atrás las sojeras, como Monsanto y tantas otras, que se extienden en el territorio de la provincia de Buenos Aires.
 
No murieron por nada, no fue una lucha entre locos. Se peleó por la renta, por los derechos de los trabajadores, por la defensa de lo nacional. Y quienes tenían el poder se empecinaron y a través de la peor de las artes, infligieron el terror y el odio en el corazón de los argentinos. No fueron las masacres el objetivo de aquel gobierno cívico-militar, fue afincar en nuestros corazones el odio a cualquier luchador y el terror en los luchadores para que no organicen a los trabajadores, para que no haya organizaciones sociales que defiendan los derechos de los argentinos.
 
En esa fosa común no tiraron los cuerpos calcinados del Chino y de Luis, en esa fosa común pretendieron enterrar al Sindicato, y con él, cualquier idea que se rebele frente a los poderes fácticos que siempre movieron los hilos de la Argentina. La memoria sirve para desempolvar viejas utopías. Por eso el recuerdo, por eso traigo a este momento a quienes están pidiendo por aquella vieja organización, hoy pendiente de la firma de un funcionario. En fin, en última instancia pienso y repienso las cosas, y las palabras de Gorbarán vuelven una y otra vez a dar vueltas en mi cabeza… “Hoy no nos matan, nos dejan sin trabajo”.    

(*) Periodista. Integrante de SNOnline