La nave de la Comunicacion

¿Obama eligió ser Nixon?

(Por Alberto López Girondo (*)) El anuncio de que Barack Obama visitará finalmente la Argentina el 24 de marzo levantó protestas de todo calibre en amplios sectores de la sociedad. Y no es para menos. Justo ese día se cumplen 40 años del golpe genocida, amparado y apoyado por Estados Unidos como lo prueban los documentos desclasificados de la CIA.

Esos mismos documentos indican la responsabilidad de los diferentes funcionarios de aquellas administraciones estadounidenses -desde el presidente Richard Nixon hasta el verdadero gestor de la barbarie, el luego Premio Nobel de la Paz Henry Kissinger- en la cadena de golpes y asesinatos en el marco del Plan Cóndor en el cono sur de América.
El acercamiento de Obama a Cuba y el reconocimiento de sucesivos errores que habían aislado a Estados Unidos de la región desde el bloqueo, hace más de medio siglo, fueron a fines de 2014 una buena señal hacia la región. Así lo entendió el gobierno de Raúl Castro, que desde entonces promueve medidas tendientes a lograr recomponer cinco décadas de hostilidad contra la revolución cubana. Aún falta, claro, levantar las medidas de coerción económica que intentaron asfixiar a esa sociedad para enfrentarla en contra de su dirigencia.
Otro punto importante es el viejo reclamo de devolución del territorio donde se asienta la base de Guantánamo. Allí se instaló luego de los atentados a las torres gemelas, el 11 de setiembre de 2001 -cuando se cumplían justo 28 del golpe contra salvador Allende en Chile, otro “logro” de la Casa Blanca- una cárcel donde fueron alojados presos sin juicio y por el único delito de ser sospechosos de terroristas. En cumplimiento de la cuestionable Acta Patriótica.
En lo que va del siglo, tanto en Estados Unidos como ahora en Europa, con la excusa del combate al terrorismo se fueron sepultando libertades individuales que garantizan las constituciones de todos los países “occidentales”. Obama llegó al gobierno en 2009 luego de prometer a su electorado terminar con el oprobio que significa para un país que se pretende defensor de la democracia y las libertades mantener a seres humanos detenidos por portación de cara, de raza o de religión, en estos casos, musulmanes.
Las dictaduras sudamericanas, y la argentina no fue una excepción, se impusieron en nombre de la civilización occidental y cristiana. Fueron los mismos argumentos que la Iglesia Católica utilizó para justificar la conquista de América en el siglo XVI. Ni bien asumió Obama dio un discurso emblemático en El Cairo en que reconoció la contribución árabe a la humanidad y buscó acercarse a una región que representa el lado más caliente y peligroso del planeta desde hace demasiado tiempo. Luego vino la Primavera Árabe y una vuelta atrás impiadosa y ahora esa parte del mundo está envuelta en llamas como pocas veces antes…
El papa Francisco, argentino y con una fuerte impronta latinoamericanista él, acaba de pedir nuevamente perdón a las comunidades indígenas a nombre de una Iglesia que arrasó con culturas milenarias y asesinó a millones de personas a nombre de el “único Dios verdadero”. Fue clave la intervención de Jorge Bergoglio para el histórico acercamiento de Obama con Raúl Castro. Señales de nuevos rumbos.
El gobierno de Mauricio Macri estrena por estos días un nuevo protocolo de represión en caso de manifestaciones y cortes de calles. Tras la detención de Milagro Sala ni bien asumió el gobernador de Jujuy está claro que el concepto de sociedad que maneja esta nueva derecha argentina es calcado del que aplica la derecha internacional: represión, detenciones al margen de las garantías individuales, jueces amañados para proteger y custodiar los verdaderos bienes del establishment. Para garantizar estabilidad social en momentos en que pretende cambiar el paradigma productivo -dejando afuera del sistema a millones que, se sabe, no se entregarán sin dar pelea.. O sea que quizás se logre una paz social, pero podría ser muy parecida a la de los cementerios. Recuerdos de épocas oscuras.
En España, el partido que más cercanía tiene con la agrupación que lidera Macri, el PP, también pretendió taponar las protestas con una ley que entró en vigencia a mediados del año pasado, la llamada “ley mordaza”, que no solo reprime sino que impone multas por protestar. Pero la ciudadanía provocó un giro impensado en los últimos comicios y dejó noqueado al PP, que no pudo formar gobierno. Un poco porque la crisis la siguen pagando los mismos y otro poco porque se fueron destapando casos de corrupción que golpean de lleno en la actual gestión de Mariano Rajoy.
En Francia, el gobierno de François Hollande, que visitará argentina en unos días, también forzó cambios legislativos para reducir libertades. Obama, mientras tanto, sabe que tiene una deuda pendiente con el cierre de Guantánamo. No hay razones para descreer de la buena voluntad del presidente estadounidense en cumplir esa promesa electoral. Pero precisamente desde esta interpretación benévola de la intencionalidad del primer presidente negro en la historia de un país racista como Estados Unidos es que vale la pena insistir en lo desafortunado de la fecha elegida para pisar tierra argentina.
Es cierto que en su anterior gira continental evitó el desembarco en Buenos Aires porque eran tiempos electorales y eso podría tener una lectura política que era mejor soslayar. Pero ahora que a Obama le faltan pocos meses para terminar su mandato ¿Para qué este gesto de despedida? Porque además no está claro quién lo sucederá, y a su derecha hay cada halcón republicano…
¿Obama quiere dar su discurso del perdón por los crímenes alentados desde Washington hace 40 años? Un mes, una semana antes o después no cambiaba nada. El mismo día, por el contrario, suena a mojada de oreja. Va a quedar como un Nixon, cuando podría hacer como un Jimmy Carter, que alentó investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos en el mismo momento en que se producían.
Llama la atención también que los socios de la alianza Cambiemos, las distintas variantes de la Unión Cívica Radical, no se hayan pronunciado en contra de esta decisión que, se supone, fue consensuada entre la administración estadounidense y la local.
Porque la dirigencia política del fin de la dictadura impulsó que la asunción presidencial fuera un 10 de diciembre, para honrar el Día Internacional de los Derechos Humanos. Y el primer presidente de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín ordenó investigar los delitos de lesa humanidad y alentó al juicio a las juntas genocidas.
El 24 de marzo habrá, como todos los años, una masiva manifestación por Memoria, Verdad y Justicia. Uno esperaría que fuera una sola marcha y se dejaran de lado miserias que en este contexto desviarían el centro del reclamo. ¿Qué hará el gobierno? ¿Reprimirá bajo el nuevo protocolo dictado por el Ministerio de Seguridad? ¿Impedirá cualquier concentración con la excusa de proteger a tan solemne invitado, que por otro lado, tiene un séquito de custodios que asusta? ¿Es la forma que creen haber encontrado para cerrar aquella grieta sangrienta en la sociedad argentina o se trata de un error de percepción? ¿O , como proclaman esas voces de rechazo, simplemente es una provocación?

(*) Fuente: Sopa Caótica