La nave de la Comunicacion

Una vez más empieza "la fiesta"

(Por Adrián Corbella (*)) El mal llamado “sentido común” es la imposición hegemónica de las ideas de una ideología dominante. El neoliberalismo ha logrado imponerse en el mundo en las últimas cuatro décadas, y sus ideas aparecen en muchas personas como “sentido común”…

Casi todas las personas que hacen afirmaciones claramente neoliberales se sorprenden cuando se les dice que “sus” ideas no son suyas, sino que ya han sido “patentadas” por otros. Que marcan claramente la pertenencia a una ideología que tiene nombre y apellido.
Es común escuchar decir por ejemplo que “a la gente no hay que darle pescado sino enseñarle a pescar”, o “esto es muy fácil: si vos ganás diez no podés gastar doce”. Estas frases que suenan lógicas no lo son tanto. Una caña de pescar es de una inutilidad absoluta en medio de un desierto. Una economía nacional no puede equipararse con tanta simpleza a los números de una familia. Un país emite dinero, cobra impuestos, regula el comercio exterior, maneja divisas, se endeuda, invierte, se relaciona con otros países que hacen todas estas cosas. ¿Cuántos impuestos cobramos, y a quiénes? ¿Cuánta emisión es válida y en que punto llega a ser un problema? ¿Cuánto y para qué nos endeudamos? ¿Se regula el comercio? ¿Se regula el flujo de divisas? ¿Se subvenciona poco, mucho o nada? ¿Se interviene o no en la fijación de precios y salarios?... Son todas preguntas válidas, que cada teoría económica contesta de una manera distinta.
Los neoliberales desprecian las políticas económicas heterodoxas, neokeynesianas. Las califican despectivamente como “populistas”. Hablan de “despilfarro” y “fiesta”. Se niegan a regular, y pretenden que de eso se encargue “naturalmente” el “mercado” –los grupos económicos más poderosos-. Ven los impuestos como una traba al desarrollo económico. Creen que si se permite acumular a los ricos esta riqueza “derramará” sobre los pobres y los sectores medios.
Los gobiernos neoliberales bajan los impuestos (a los más ricos) lo que los obliga a generar continuamente deuda (que pagan los más pobres); dejan la regulación en manos del mercado (o sea de los más poderosos), mercado que siempre perjudica a los más débiles; permiten un libre flujo de capitales -lo que significa una continua salida de divisas que luego reingresan como onerosos “préstamos"- ; abren la economía al exterior (lo que aniquila a las PYMES y beneficia a las grandes empresas) y cuando esto no alcanza, comienzan a liquidar activos: desde la privatización de empresas públicas, hasta la concesión de recursos naturales o la venta de las reservas de oro (que canjean por papelitos pintados de verde). 
Ahora si que empieza la “Fiesta”… porque el gobierno, en lugar de “trabajar” –cobrar impuestos- se endeuda a diestra y siniestra. Se endeuda no para capitalizarse vía obras de infraestructura, sino para cubrir gastos corrientes. Como con la deuda no alcanza, comienzan las privatizaciones, la liquidación, casi remate, de activos.
¿Se imaginan ustedes que diríamos de una persona que decide dejar de trabajar para empezar a vivir de endeudarse y vender bienes de su propiedad? ¿Diríamos que es “serio” y “responsable” o que es un loco irracional?
Los neoliberales nos disfrazan la locura de sentido común.
Lamentablemente para todos los argentinos, la seriedad ha terminado. Nada de juntar dinero para pagar cash una deuda de 5.900 millones de dólares; refinanciamos. Nada de fabricar; compramos hecho.
Empieza una vez más, como en los setenta y noventa, la “Fiesta”.
Es una Fiesta de gran nivel. Para ingresar a ella hay que tener invitación. Pero todos seremos convocados para pagarla…    

(*) Fuente: Blog: Mirando hacia adentro