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Testigos de la miseria tecnológica: hablan los fotógrafos de la basura electrónica

(Por Lucía Caballero)/Hoja de Router.com. Según el último informe de Naciones Unidas, la humanidad generó 41,8 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2014, una cifra que pulveriza todos los lamentables récords anteriores.

Los fotógrafos Kevin McElvaney y Valentino Bellini han viajado a China, Pakistán y Ghana para inmortalizar los lugares donde acaban la mayoría de estos desechos. Ambos han compartido con nosotros experiencias y fotografías que narran la cruda realidad de quienes viven y trabajan entre chatarra.
“Quería que las personas fueran protagonistas de las imágenes y no la pobreza o los montones de residuos electrónicos ardiendo”, explica Kevin McElvaney. A pesar de la intención del fotógrafo, resulta imposible no fijarse en lo que rodea al individuo que, en cada instantánea, mira fijamente a la cámara y nos desafía erguido sobre el cadáver de una máquina. Es el único que no pisa las negras cenizas que tapizan el suelo de Agbogbloshie.
McElvaney forma parte del conjunto de profesionales que ha retratado la dura realidad de lugares como este situado en Acra, la ciudad más poblada de Ghana: inmensos cementerios de chatarra en las zonas menos favorecidas del globo, donde a nadie le importa que se almacenen incontroladamente los restos de ordenadores, electrodomésticos y demás aparatos que dominan el inquietante paisaje.
Una visión, la inmortalizada por las cámaras, que ni siquiera puede reflejar por sí sola las verdaderas dimensiones de una realidad insostenible. Para conocerla mejor hay que recurrir a las últimas cifras reveladas por la Universidad de Naciones Unidas. Según el informe más reciente, la cantidad de residuos electrónicos generados en 2014 a nivel mundial ha superado todos los récords, alcanzando los 41,8 millones de toneladas.
Sus autores aseguran que tal cantidad de desperdicios podría llenar 1,15 millones de camiones que, colocados en hilera, formarían una fila de 23.000 kilómetros (23 veces la mayor distancia en línea recta de España). En su mayoría, los restos provienen de frigoríficos, lavadoras y otros electrodomésticos de uso habitual en las casas, que han dejado de funcionar o cuyos dueños han jubilado prematuramente.
Además de que solo se ha reciclado el 17% del volumen total (y eso que los materiales recuperables están valorados en 48,5 billones de euros), resulta paradójico que los mayores productores de residuos ‘per cápita’ sean países con importantes políticas ambientales. Noruega encabeza la lista con 28,4 kilogramos por habitante, seguida por Suiza, Islandia, Dinamarca, Gran Bretaña, Holanda y Suecia. Alemania, el país de origen de McElvaney, no está demasiado lejos.
UN CAMBIO DE ACTITUD IRREMEDIABLE
“Cuando volví de Agbogbloshie dejé de comprar de la misma manera”, cuenta McElvaney a HojaDeRouter.com. Allí se dio cuenta de lo que significa realmente el consumismo y la producción sin límites, cuyas consecuencias acaban sufriendo personas ajenas a la vorágine económica. Una realidad de la que también fue testigo el fotógrafo italiano Valentino Bellini: “Agbogbloshie es probablemente el sitio más horrible que he visitado durante el Bit Rot Project”.
"Antes no era consciente de la existencia de este mundo de tráfico de residuos y reciclaje precario", afirma el italiano. "Ahora intento no adquirir un dispositivo nuevo si no es estrictamente necesario y me aseguro de que los viejos se gestionen en mi país".
Mientras que McElvaney viajó a Ghana en 2013 con el objetivo de fotografiar y denunciar la situación, Bellini inició el proyecto que menciona en abril de 2012, cuando recorría el país africano por otros motivos. “Conocí el vertedero por la ONG Help The African Child, y después decidí hacer un documental sobre basura electrónica”, explica el italiano.
Para dar forma al Bit Rot Project, Bellini ha visitado posteriormente las instalaciones de reciclaje de residuos tecnológicos de Qinyuan (China), Lahore (Pakistán) y Nueva Delhi (India). Si esperas encontrar una planta de gestión de desechos al uso en alguna de sus fotografías, vas a llevarte una sorpresa.
“En China trabajan con el mayor volumen de residuos y probablemente el más desarrollado”, asegura Bellini. “Incluso disponen de químicos para separar los metales preciosos”. Sin embargo, durante su estancia allí retrató las comunidades de viviendas donde las familias separan las piezas aprovechables de los residuos sentadas en un patio arenoso.
En Lahore capturó con su cámara las grises y frías montañas de chatarra que esperan su turno en una rudimentaria fundición. En Nueva Delhi inmortalizó a los hombres que a martillazo limpio destrozan ordenadores, televisores y cualquier electrodoméstico que se preste para sacar sus tripas metálicas. “En Ghana, el proceso se reduce a quemar los residuos para separar los plásticos de los metales, en su mayoría cobre”, explica el fotógrafo italiano.
“ Es una vergüenza que existan aparatos diseñados para estropearse [la dichosaobsolescencia programada], ni siquiera reciclemos bien los desechos electrónicos y la gente que los produce se desentienda de sus efectos llevándolos a otra parte", sostiene McElvaney. "Exportamos los problemas”.
Hace unos veinte años, Agbogbloshie era una zona de manglar, un ecosistema inundado rico en especies vegetales y animales, transformado ahora en un entorno ceniciento y marchito. Desde que en 2003 el periodista ghanés Mike Anane denunció la situación por primera vez, la exportación ilegal de residuos electrónicos y las falsas donaciones de aparatos (que ni siquiera funcionan) han contribuido a su empeoramiento.