La nave de la Comunicacion

La crisis de los gobiernos populares

(Por Jorge Muracciole (*)) Hace poco se cumplieron  diez años de una gesta histórica, que permitió encolumnar a los países del subcontinente sudamericano  en su oposición al proyecto de globalización asimétrica impulsado por el gobierno de EE UU., el  ALCA.

Era  el proyecto en materia económica del gobierno imperial para consolidar un mercado donde las economías de la región, se perpetuaran en una relación subalterna y dependiente de los intereses del país del Norte.

Si comparamos esa coyuntura de fortalecimientos de los vínculos regionales a través de instituciones como el Mercosur, Unasur y con posterioridad la CELAC, con la actual, surgen las diferencias. A fines de 2005 prevalecían el ascenso de las experiencias heterodoxas, que en materia política y económica, generaron una amplia inclusión en multitud de excluidos del mercado de consumo de bienes.
Pocos de esos avances han sobrevivido, con  el abrupto cambio de escenario en la geografía política de América latina. La derrota electoral del FpV en Argentina, o el devenir de las políticas ajustistas del gobierno de Dilma Rousseff, con el agravamiento de la crisis política, el avance de la oposición al gobierno bolivariano en Venezuela tras la muerte de su líder Hugo Chávez y la profundización del desabastecimiento de productos básicos. O la derrota  en el último plesbicito del primer presidente indigenista Evo Morales en Bolivia: ejemplos paradigmáticos del avance irrefrenable de las fuerzas de la restauración neoliberal en el subcontinente. Cabe preguntarse qué razones han llevado a tal cambio de escenario. Y si esa abrupta modificación de tendencia ha sido el resultado solo del unívoco y determinante accionar de los grupos de poder en la región. Es innegable que la acción coordinada de los medios y la oposición política hoy hegemonizados por concepciones en favor de la restauración neo-liberal, que durante más de una década fueron construyendo en la opinión pública, un creciente malestar, con las diversas experiencias distribucionistas. Dicha estrategia mediático-política  tuvo sus principales efectos  en el imaginario de los sectores medios, sobre temas de vieja data pero pendientes de resolución por las distintos gobiernos progresistas. Los temas más urticantes que articuló la oposición ciudadana fue la inseguridad delincuencial, la inflación o la crisis tanto en materia de transportes, salud o vivienda. No por casualidad  el subcontinente es la región históricamente más desigual del planeta. Sin embargo, será necesario hacer un balance autocrítico de las prioridades en materia distributiva que signaron dichas experiencias populares. Como afirma en distintas expresiones periodísticas uno de los históricos fundadores del PT en Brasil, Frei Betto, a propósito de la necesaria autocrítica, aún pendiente tras 12 años  de gobiernos trabalhistas en Brasil: “Uno de los grandes errores fue  haber priorizado el acceso de los brasileños a bienes personales, -tales como el automóvil, electrodomésticos , plasmas, teléfonos móviles, sin atender necesariamente el acceso a los bienes sociales, como la educación la salud, la vivienda, el saneamiento del transporte, la sanidad y la seguridad.” "Construyéndose una nación de consumistas y no de ciudadanos".

De dicho análisis se desprende que la sociedad contemporánea, no es tan sólo un sistema económico. El capitalismo contemporáneo es mucho más que esa caricatura economicista. Es un sistema, económico, político, social,  que en su actual estadio penetra la vida de cada uno de sus integrantes más allá de la ubicación en la pirámide social. Reforzado  en las innumerables prácticas rutinarias .que dan un sentido sesgado de las cosas. Dichas prácticas hacen carne en las subjetividades emergentes de la multitud de ciudadanos-consumidores. Que en sus prácticas internalizadas cristalizan una cosmovisión de la realidad más ligada al consumo que al ideario de igualdad y fraternidad  del origen de la democracia. Eso sí, cuando cada dos o cuatro años “decidimos” con nuestro voto  que nuevo producto electoral nos va a representar en los órganos de gobierno de la democracia formal, el rito electoral sintetiza en un instante el estado de ánimo de los electores  Así es como el común de la ciudadanía contemporánea a escala global,  expresa  sus apetencias en un fotograma de una larga película del hacer político hegemonizado por unos pocos.
Cabe preguntarse si ante esta realidad constitutiva, la paradoja del distribucionismos -consumista- practicado en exceso en las experiencias populares no lleva inexorablemente a construir los futuros sepultureros de la movilidad social ascendente, tan necesaria para una vida más justa y equitativa. 

(*) Fuente: Tiempo Argentino/edición de los trabajadores