La nave de la Comunicacion

Invitados al baile

(Por Alberto López Girondo (*)) Uno de los discursos más encendidos en el Senado brasileño a favor de la presidenta Dilma Rousseff fue el del representante carioca del PT, Luiz Lindbergh Farías.

Desde el estrado dijo que la oposición tiene una idea fija, que es la de someter a un juicio político a la mandataria, y que en un modo que uno podría catalogar de irresponsable, no hace sino provocar desconfianza en la economía del país, lo que conlleva a una crisis sin precedentes que, puntualizó, “puede llevar a Brasil a una situación semejante a la de Argentina en el 2001”.

¿Fue una defensa irrestricta de la gestión de Dilma? Para nada. Farías, un ex dirigente estudiantil que comenzó su carrera política cerca de Fernando Collor de Mello, viene criticando los ajustes que la sucesora de Lula da Silva viene realizando desde que comenzó su segundo mandato, el primer día de este año.”El ajuste adoptado por el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, trajo inflación y desempleo”, señaló el senador.

Proveniente de una familia con inclinaciones de centroizquierda, se llama exactamente igual que su padre, un gesto hacia el abuelo, admirador del héroe de la aviación estadounidense Charles Lindbergh, que cruzó al Atlántico con en avión Spirit of Saint Louis en 1927. Farías criticó duramente en estos meses el tarifazo que incrementó el precio del combustible y de la energía eléctrica, llevó la inflación a 9,5 % y elevó la desocupación 3,3 por ciento.

El pedido de impeachment, como se publicó ayer, fue una repentina respuesta del problemático e incombustible jefe de la Cámara Baja ante el respiro presupuestario que le había dado, una hora antes, el Senado, al aprobar una extensión del déficit presupuestario. Era la mano de cal que contrastaba la de arena.

Cunha es el mismo que no pudo explicar de un modo coherente y aceptable cómo es que tiene una fortuna de varios millones de dólares escondida en Suiza y que enfrenta pedidos de juicio político, a su vez, para ser alejado del Congreso. Con cara de digno, dijo que el proceso al que abrió las puertas era porque la presidenta mintió a la Nación, “y eso es grave”. Desde que se desplegó la crisis política que envuelve al PT y a sus incómodos aliados del PMDB -de hecho Cunha pertenece a ese partido, al igual que el vicepresidente, por lo tanto una destitución lo llevaría al gobierno, algo que por las urnas no logran desde hace décadas- hubo una pila de pedidos de impeachment a Dilma. Todos fueron frenados de acuerdo a los tiempos que marcaba el jefe de Diputados. Esta última presentación no tiene mayores razones que las otras: se trata de una acusación de haber violado disposiciones administrativas para superar de manera irregular los gastos sobre el presupuesto establecido, algo que podía llegar a solucionar la ampliación votada de Senadores.

El gestor de esta denuncia es Miguel Reale Junior, un abogado de rancia familia judicial que fue ministro de Justicia del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Reale Junior, miembro del principal partido opositor, que es el PSDB de Cardoso, consideró que "la sociedad civil, los grupos que se organizan a través de internet" respaldan su pedido de juicio político a la presidenta.

Otro opositor que está activo por estas horas es Marco Aurelio Mello, miembro del Supremo Tribunal Federal brasileño desde 1990. Es también un miembro de la familia judicial brasileña, pero además de la de Fernando Collor de Mello, ya que es primo del poderoso empresario de Alagoas que fue presidente entre 1990 y 1992, cuando fue exonerado del poder por un impeachment, acusado de corrupción, tráfico de influencias y sobornos.

El magistrado declaró, confirmando que la inestabilidad es parte del plan de la derecha en esta hora, que “(los brasileños) estamos sin gobierno”. Consultado sobre qué actitud tomaría ante el envío de un reclamo a la corte por parte del gobierno, dijo que es "preferible" que el STF no obstruya al Congreso. "El Supremo debe actuar como un poder moderador para preservar la Constitución, una Constitución que debería ser más amada por los hombres públicos", se explayó.

No es demasiado osado ligar a este recrudecimiento de la crisis en Brasil al triunfo de Mauricio Macri en Argentina –como señaló en una columna de ayer,Luis Faraoni- y a las elecciones del próximo domingo en Venezuela. Es más, cada movida de estas últimas semanas en la región parece juntar agua para el molino de la oposición a los gobiernos populares. Según las encuestas el oficialismo venezolano podría perder la mayoría de que dispone en la legislatura. Eso en caso de que el resultado se asemejara a lo que indican las encuestas, que últimamente no las tienen todas consigo. Pero es un dato a tener en cuenta. En todo caso, el líder más moderado de esa oposición, Henrique Capriles, se sumó al eslogan del triunfador en Argentina y deslizó que en "la Venezuela de hoy es claramente mayoría del cambio” que, aventuró, se va a concretar este domingo.

De resultar cierto este pronóstico, no será la primera vez que el chavismo pierde un comicio –el 2007 el propio Hugo Chávez no logró aprobar una reforma constitucional- pero si sería el primero desde la muerte de líder bolivariano e impactaría de forma dramática en la marcha del gobierno de Nicolás Maduro, ya abrumado por una crisis económica grave. El oficialista PSUV no solo perdería la mayoría parlamentaria sino que de acuerdo al resultado incluso el propio Maduro podría ser sometido a un referéndum revocatorio, como marca la constitución chavista. Simbólicamente sería un fuerte golpe al proceso iniciado por Chávez en 1999 hacia adentro de Venezuela y al mismo tiempo para la integración latinoamericana.

Otro que mira esta ola de corrimiento a la derecha con ansiedad es el gobierno del español Mariano Rajoy. El 20 de diciembre hay elecciones generales en ese país y la situación del Partido Popular no es una maravilla, luego de una gestión que no logró mejorar casi ninguno de los índices de desempleo, pobreza y deuda que encontró al llegar. Además, tiene en ciernes el proceso indepedentista catalán y el crecimiento de dos partidos menores, un por la derecha, Ciudadanos, y otro desde la izquierda y con inclinaciones chavistas, Podemos, que llegaron para romper la monótona alternancia PP-PSOE.

Para Rajoy, sin embargo, la situación no es tan grave como para no esperanzarse en permanecer en La Moncloa por otro periodo: según las encuestas, obtendría la primera minoría parlamentaria aunque no llegaría al 30% de los sufragios. Rajoy y el PP son de los sectores más cercanos a Macri en Europa y en estos días su canciller, José Manuel García-Margallo, se reunió con el futuro presidente nacional en una inesperada visita. Seguramente para que el aurea triunfadora del argentino le dé un impulso al último tramo de la campaña española. También allá esperan sumarse al baile macrista.  

​(*) Fuente: Tiempo Argentino