La desesperación que transforma al mundo

Por Aaron G.
En los últimos meses el mundo ha entrado en un vertiginoso camino que no podemos dejar de examinar, a riesgo de que la correlación de fuerzas internacional se reconfigure de tal manera que los logros de los países históricamente dominados queden en el olvido.
A nivel mundial es sumamente discutible que el desenmascaramiento del imperialismo haga del sometimiento económico una cuestión superada aún a nivel cultural.
Con la crisis iniciada en el 2008, la impotencia de los países centrales los ha llevado a su histórico lugar común: encontrar geografías con bastas riquezas naturales o importantes bondades geopolíticas y provocar diplomática, económica y militarmente la caída de sus gobiernos1 para así establecer nuevos criterios de política económica que, lógicamente, comprendan los intereses transnacionales de las economías ahora amigas.
La “Primavera Árabe” preparó una época de frío punzante para todo el mundo. Indudablemente el teje y maneje en las organizaciones internacionales están dando un resultado negativo en la mencionada correlación de fuerzas. La ovación a los discursos progresistas en la Asamblea General de la ONU y el tímido esfuerzo que han comenzado a ejercer países como Brasil para democratizar el Consejo de Seguridad se ven diluidos por la amarga realidad: el mismo puñado de países de siempre, señala, demoniza y acomete contra quién quiere (ya no sólo países, sino personas).
No cabe en estos momentos de la política internacional analizar quién fue Khadafi, o quiénes son Mubarak, Al Assad o Ahmadineyad. Ni mucho menos establecer si las revueltas en sus respectivos países existen, cuáles son sus magnitudes o el fundamento de su legitimidad. Y llega a irrisorio (por no decir alarmante) el arsenal mediático acerca de las represiones acontecidas.
No sabemos lo que se habrá dicho de nuestra presidente durante la crisis política generada por el conflicto del campo allá por el 2009. Y no quisiéramos imaginar qué hubieran dicho las corporaciones multimediáticas internacionales si los sectores disconformes del campo hubieran estado armados y se produjera una lógica respuesta por parte del gobierno. Ahora sabemos lo que los medios de comunicación podrían haber informado y también lo que las potencias mundiales son capaces de hacer.
Ya los análisis sobre las razones por las cuales los países que controlan la política mundial intervinieron una vez más en la historia de Libia, Tunez y Egipto no tienen demasiado sentido.
Ahora Siria es el país que sufre la reinterpretación que han hecho los países ricos del principio de la “libre determinación de los pueblos”, con el reciente congelamiento de los préstamos del Banco Europeo de Inversiones y una inminente intervención militar. Irán tal vez sea el próximo, la escalada diplomática en su contra es ostensible y ya Israel e Inglaterra han manifestado sus deseos de iniciar una invasión.
Tal vez Ahmadineyad esté favorecido por el rechazo de China y Rusia a cualquier operación en el país asiático, pero responde y se desliga públicamente de cualquier acusación que hacen Israel o EEUU sabiendo que no puede confiar sólo en que esos países no negocien por lo bajo una situación más conveniente de los contratos energéticos en un hipotético contexto pos-ocupación2.
La situación generada por la caída o el derribo del avión no tripulado de EE.UU. en espacio aéreo iraní y las actuales pruebas militares sobre el Canal de Ormuz han producido fuertes declaraciones en cuadros militares de varios países, aunque es notable como no han producido mayores sanciones contra Irán. Tal vez tenga algo que ver con la última demostración de fuerza de la marina China en apoyo a Pakistan luego de que “por error” la OTAN asesinara a más de 25 soldados de este país.
El imperialismo está demostrando una voracidad que sobre los hechos nos permiten proponer un rechazo de antemano a lo que pudiera ocurrir. Es que en América Latina ya EE.UU. ha dado su primer paso en 2008: reactivar la IV Flota no es necesariamente el mejor gesto de hacer presencia. Una Venezuela más moderada que Libia (que había propuesto a la Liga Árabe volver al patrón oro para ciertas transacciones comerciales) repatrió todas sus reservas de oro del exterior a la vez que aceptó la mayoría de las recomendaciones realizadas por el Comité de Derechos Humanos de la ONU en su examen anual. Quizá Hugo Chavez entienda que no hay mucho margen para equivocaciones de aquí en más y que cualquier excusa puede ser usada para sancionar a los países menos poderosos. El encuentro entre el líder venezolano y el iraní para afianzar la relación bilateral en estos días no es un hecho menor en el contexto analizado: con las reglas de juego de la economía globalizada se deja en claro que, aunque pocos, se encuentran unidos los países sobre los que pesa el acecho.
Como bien afirma Guillermo Caviasca respecto a la intromisión en Libia, “Todos los argumentos usados para la intervención fueron insostenibles, y podrían ser usados como un calco para ser difundidos por la prensa occidental en la intención de legitimar cualquier intervención…”3
Sudamérica ha avanzado notablemente en la unidad regional durante los últimos años y también en cuestiones estratégicas como la defensa. Pero la cultura que encuentra réplica al imperialismo en la Patria Grande aún no es lo suficientemente fuerte para reconocer al adversario en sus formas más feroces. O lo que sería peor: no está decidida a afrontar la responsabilidad histórica que le cabe: la de denunciar, al menos, el descaro con el que algunos países siguen sometiendo a otros a las condiciones más brutales de existencia en pleno siglo XXI.
1- El caso de Libia es paradigmático en este sentido: el primer paso de los países aliados fue denunciar en las organizaciones internacionales al gobierno del país por supuestos actos contrarios a los Derechos Humanos, luego, el congelamiento de sus fondos en el extranjero y el embargo de todas las cuentas de altos funcionarios y empresas estatales libias, y por último, decretar la exclusión aérea para más tarde, intervenir por aire y mar.
2- Iran es el segundo exportador de petróleo a China, y el primero de gas licuado. China a su vez es el segundo consumidor mundial de petróleo (luego de EE.UU.) y tiene otros intereses económicos en Irán que por el momento solo pueden prosperar con la estabilidad política de este país. http://www.realite-zu.org/site/apps/nlnet/content3.aspx?c=9dJBLLNkGiF&b=...
3- http://www.anred.org/article.php3?id_article=4406













